“El orgullo que siento es más grande que el dolor”, dice Cecilia. “No soy hijo de cualquiera, soy el hijo de un héroe”, resalta Raúl. “Estoy contento de tener a mi papá, pero sufro como los que no tienen al suyo”, afirma

Dicen que sus madres son tan heroínas como sus padres. Tres jóvenes dieron cuenta del dolor cuando se victimiza a los caídos y a los que volvieron, cuando se trata a sus padres como a unos pobres chicos de la guerra. Antonio Raúl González cayó con el hundimiento del crucero General Belgrano: su hijo afirma la necesidad de malvinizar; Jorge Carlos Baiud tampoco volvió: su hija siente orgullo y lo dice emocionada; Oscar Daniel Barzola se salvó, pasó 35 horas en una balsa en el mar helado: a su hijo se le hincha el pecho por ser argentino, por el acto de heroísmo de estos hombres. Raúl, Cecilia y Maximiliano viven y trabajan en Entre Ríos, y como tantos otros, 36 años después de aquel 2 de abril de 1982, están de pie y dan pelea.

 

“Soy el hijo de un héroe”

Raúl González Luna trabaja en una ferretería de Oro Verde y cuando habla de Malvinas piensa en su papá y en su mamá. “Es que aprendí de mi vieja a ser la persona que soy. Siempre me inculcaron el respeto a los demás más allá de todo”, dijo a Uno y trajo el recuerdo de Amelia Ester Luna cuando lo llevaba a pescar cada domingo. “No me puedo olvidar”, dijo emocionado, y agregó: “Mi conducta es intachable y tiene que ser así porque yo no soy hijo de cualquiera, soy el hijo de un héroe y mi mamá también era una heroína”.

Porque tras la gesta, la que es malvinera es la familia y para Raúl su mamá era una luchadora. Amelia falleció cuando él tenía 17 años. “Ella me sostuvo y fue mi bastón hasta que pudo. Siempre me contaba todo y le quiero agradecer por eso. Me contaba anécdotas de Malvinas y de mi papá, de la guerra, cómo se vivió en Puerto Belgrano, cuando apagaban las luces con las sirenas o si tenían que estar todos escondidos. Y le quiero agradecer porque nunca me escondió nada, siempre tuvo un orgullo hacia esa persona que es mi papá y un respeto enorme. Mi mamá, luego de quedar viuda nunca más rehízo su vida afectiva, creo que ese fue un error porque tenía derecho de rehacer su vida; prefirió que Malvinas cierre su corazón, cerró las puertas a un nuevo amor y se quedó con su viejo amor en el fondo del mar”.

 

Llaman a malvinizar

Y Raúl quiere ir a la zona donde Inglaterra, de manera cobarde y criminal, hundió al Belgrano, necesita ver y sentir el mar. “Malvinizar es importante. No digo que hay que salir con una escarapela todos los días, pero los 2 de abril, los 2 de mayo, son fechas claves. Nos asesinaron 323 argentinos en menos de una hora. Entonces me parece que para seguir con la llama encendida tenemos que malvinizar”.

Raúl nació el 23 de junio de 1982. “Llevo la guerra en la espalda”, dijo, y agregó: “Por eso pienso en mi mamá, con todo lo que habrá soportado estando embarazada”. Antonio Raúl González era cabo primero, pertenecía a la Armada, era militar de carrera. A los 17 años decidió hacer el Liceo Militar. Después se especializó en la marina, tenía 28 cuando hundieron al Belgrano.

Mi papá es un héroe

Cecilia Verónica Baiud contó que su papá era cabo principal maquinista. No era tripulante del crucero, lo llamaron para completar la dotación, tenía 30 años. Ella ya había nacido, cumplía 6 y 1 su hermana. Su mamá tenía 33, se llama Elvira Salas. La familia es de Paraná y por 1982 vivían en Punta Alta. “Más allá del dolor y la tristeza de una guerra, nos molesta y nos duele cuando se los victimiza, cuando se trata a los caídos o a los que volvieron como pobrecitos. Es algo que no se ha podido cambiar desde que se habla de Malvinas. Por ahí se abrió un poco más el tema, pero se los sigue victimizando como unos pobres chicos. Como hija me molesta, porque mi papá es un héroe como los que quedaron y los que volvieron. Tratarlos de pobrecitos es quitarles jerarquía y es ningunear la causa”, dijo a Uno.

 

Defendiendo las Malvinas

Cecilia sostuvo que con los tripulantes del crucero también ocurre este desprestigio. “Si bien había condiciones que respetar en la guerra como zonas de exclusión, el Belgrano no era un buque inocente, era de guerra, y si bien se cambiaron sus directivas, podía atacar y era peligroso para los ingleses. Estaba defendiendo las Malvinas”, agregó. Para esta mujer palabras como honor, patria o el amor por la bandera parecen haber perdido cierto valor con el paso del tiempo. “Es como que hablar de eso resulta raro, y el orgullo que yo siento es más grande que el dolor”, dijo. Cecilia ha brindado discursos en los actos de vigilia del 2 de abril en Paraná, y quien la haya escuchado sabe que siempre lleva con ella la premisa de malvinizar.

El pilar para apoyarse

“Mi mamá es un pilar fundamental. Fue y es difícil hablar de Malvinas en mi casa, cuesta. Ella quedó sola con dos criaturas, en una provincia que no era la suya y se vino a Paraná con una mano atrás y otra adelante”, contó.

Entonces alquilaron una casa con ayuda de otros familiares, Cecilia pudo entrar a la escuela a mitad de año. La libreta de los fiados del almacén creció, pero las ayudó a seguir adelante. “Nunca vi a mi mamá tirada en la cama un solo día lamentando la muerte de mi papá, ella se puso la familia a cuestas. Vivimos una infancia normal dentro de todo y es algo que yo se lo agradezco, la vida continuaba”.

 

Seguir con esa llama viva

Contó que le preocupa la muerte de los veteranos de guerra, el paso del tiempo y que así la llama de Malvinas tienda a apagarse. “Nuestra generación es la encargada de seguir con esa llama viva por amor a la Patria. Como hija de un caído se me partiría el alma si sintiera que mi papá murió por nada, porque él hizo la máxima entrega que pudo por todos nosotros y cumplió con su juramento de defender la Patria. La sangre derramada no fue por nada”, remató.

Maximiliano Barzola tiene 34 años, su hermano se llama Mauro. Su papá tenía 19 cuando fue al Belgrano y era cabo primero maquinista, su puesto estaba en las calderas. Fue becado para ir al crucero por ser el mejor promedio de la Fragata Libertad.

 

Reivindicar la historia argentina

Conocedor de la historia del buque, Maximiliano estudia, busca argumentos y sale a dar pelea por malvinizar. “No son chicos de la guerra. Cuando se es grande te mandan a cuidar tu casa y si te mandan a defender a la Bandera y a dar la vida por tu Patria no te pueden ningunear después llamándote ‘chico'”. Para él, malvinizar es una tarea de todos los días, es reivindicar la historia argentina y a los héroes. “Cuando se derrama sangre defendiendo lo que es tuyo, es un acto de heroísmo”, dijo. Con emoción, sostuvo que su mamá, Gladys López, es heroína a la par de su papá y un pilar fundamental. “Empecé a disfrutar de mi papá cuando terminé el Primario y fue muy duro. Ahí estaba mi mamá para bancarnos”, y contó a Uno cómo su mamá junto con la hermana de su papá siguieron la búsqueda de Oscar Daniel Barzola cuando no tenían certezas de que estuviera vivo y figuraba como desaparecido.

 

La guerra no se supera

Después, los años de posguerra fueron difíciles. “Mí papá estaba pero no estaba. Al día de hoy, 36 años después, la guerra no se supera. Mi mamá explicaba que volaba un helicóptero y él se metía debajo de la cama, sonaba una alarma y empezaba a temblar. Llegaban las fechas de los 74 días ?desde el 2 de abril al 14 de junio? y mi papá tenía una cara de piedra, se le veían las lágrimas. Uno de sus logros fue transmitir lo que sentía. Él siempre dijo que se salvó, pero que hubo gente que no volvió. Estoy contento de tener a mi papá, pero también sufro como sufren los que no tienen al suyo, como le pasa a mi papá por sus camaradas”.

Oscar Daniel Barzola volvió a Paraná tras el hundimiento y fue uno de los impulsores y fundador del Centro de Veteranos de Guerra. “Me hincha el pecho ser argentino por el acto de heroísmo de estos hombres”, dijo su hijo Maximiliano, y agregó: “Malvinas encierra esto de volver; yo volvería, pero sin pasaporte, porque estaría yendo a un lugar que nos pertenece”. (El Once)

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