Chajarí: El padre Hugo Grimaux refirió a la Navidad en una reflexión que fue más allá de lo religioso, incluyendo la mirada filosófica y sociológica de los tiempos que corren.   Bregando por un cristiano fiel al evangelio, el cura resaltó que “Jesús, cuando nació, no miró lo que podía hacer para él, sino lo que podía hacer por nosotros”.

Grimaux manifestó que “hay un deterioro del tejido social. El deterioro es el de los vínculos auténticos y se van creando otros que no son ni tan reales ni tan auténticos. No se proyectan más allá del hecho y esto nos hace estar por un lado consumiendo eventos, pero también nos deja algunos vacíos interiores, porque no crea vínculos y no se prolonga. Estoy todo el tiempo armando nuevas relaciones, esto también me hace un consumista, no me da el sentido de lo afectivo”.

Consideró importante pasar la Navidad “con la gente que comparto todos los días, tengo que celebrar no sólo mi fe sino la vida que vivo todos los días”, destacando el sentido misionero de la Navidad.

 

La Iglesia y el Papa

Grimaux resaltó las enseñanzas del Papa Francisco y su mirada “desde la fe, para la sociedad, para la vida de la iglesia, para la vida cristiana. El Papa la tiene muy clara y tiene una ventaja: nos habla con un lenguaje, con modalidades que nosotros entendemos”.

Pidió no quedarse sólo con los gestos del Papa y “vivan lo que les está enseñando, es palabra de Dios puesta en esta gente y para este tiempo. Esto es lo que todavía no se termina de aceptar de Francisco. La sorpresa de Francisco no es una iglesia que vuelva a lo conservador o a lo tradicional, sino que irá diciendo que para que sea una iglesia testimonial, coherente con el Evangelio, tendrá que desarmar muchas cosas, y no digo el oro del Vaticano, sino los defectos de los cristianos pero también desarmar algunas posturas cristianas frente a algunas nuevas situaciones de vida de esta sociedad”, enfatizó.

“La iglesia poco a poco irá perdiendo privilegios históricos y tendrá que encontrar su lugar desde el servicio”, puntualizó el sacerdote.

 

El estado

Más adelante, Grimaux sin mencionar en particular el hecho, refirió a los últimos acontecimientos donde hubo violencia como así también al rol del estado.

“El afán consumista me impide compartir con el otro. (…) esto nos lleva al enfrentamiento, violencia, la disputa de quién va a someter al otro. Una sociedad en la cual estamos mirando qué puedo arrebatar o defender del otro, no puede vivir pacíficamente. Tanto los que tienen como los que no tienen son parte de esta sociedad, no es uno contra de otros, ni otros contra unos. Integrar es la propuesta más superadora”, esgrimió.

“En muchas situaciones esto de la competencia y del adversario lleva a que estemos como en un subibaja: o beneficiamos a unos o beneficiamos a otros y nunca logramos el equilibrio que daría en cuanto a las relaciones, la justicia y la solidaridad y, en cuanto a las necesidades, la satisfacción”, expresó.

“Si no tuviéramos al empresario no estaría la posibilidad del obrero. Entonces el capital es necesario, pero también es necesario el trabajo. Entre el capital y trabajo tiene que darse una relación de justicia, de equilibrio, acá aparecen los dos extremos de la justicia social: el salario justo y la responsabilidad en el cumplimiento del trabajo”, acotó.

“El estado no es gestor sino regulador de estas cosas. El que tiene en última instancia el poder de legislar sobre la actividad de unos y otros. El sentido último de la autoridad es el bien común, por el que debe velar el estado, por el salario justo y la responsabilidad laboral. Tiene poder coercitivo, de sancionar pero fundamentalmente tiene un poder correctivo, la ley tiene como principio fundamental hacer bueno al hombre, la legislación tiene que ayudarme a ser íntegramente más bueno”, expresó el cura en el marco de una reflexión sobre la sociedad, la iglesia y el estado. (Chajarí al día)

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